Ha llegado un exorcista


Ha llegado un exorcista
- José "Pipo" Martínez Queirolo



José Miguel Martínez Queirolo dramaturgo, narrador, poeta y exponente de la cultura artística ecuatoriana. Nació en Guayaquil el 22 de marzo de 1931.

Se inició en las letras a los dieciséis años de edad, descubriendo una capacidad singular para el teatro y el género narrativo.

Tanto en sus cuentos como en sus piezas teatrales ha ejercitado desde la adolescencia un don satírico de eficaz agudeza, siempre destinado a mostrar el fondo de cursilería y de iniquidad de la vida social.

Hoy hablaremos de una de sus obras más representativas. "Ha llegado un exorcista".

Esta obra fue estrenada en el teatro Humoresque de Guayaquil, el 21 de octubre de 1980 y representó al Ecuador en el festival de Teatro Cómico.


Teatro Humoresque en Guayaquil

Introducción

La escena inicial presenta un ambiente terrorífico: objetos desordenados, estruendos,  cristales rotos y el sirviente, que entra nervioso y cansado. Se plantea sarcásticamente escenas que podrían pasar como una parodia del emblemático filme “El exorcista” y dentro de las acotaciones se mencionan características del personaje del cura: aparece entre sombras y con sotana y es “medio loco”.

El personaje del cura tiene un leit motiv marcado: inmolar sus pecados, saldar la deuda que cree tener con Dios por descender del pecador “Padre Almeida” (por el mito del cura que se trepaba sobre los hombros de Jesús en la cruz para poder escapar y regresar “arrepentido” todas las noches). Por ello, con júbilo entra en la casa por vez primera y decide no retirarse hasta lograr el exorcismo que necesita el hijo de la casa: Johnny, y obtiene información a través del sirviente, Cacaseno –nótese el comienzo de una comedia desde la elección de los nombres—que, abrumado por las interrogantes del cura e intimidado por la condena al infierno que pretende darle, decide contarle los detalles de la familia. Sin embargo, los ataques de Johnny no son ni de epiléptico, ni de poseído; es simplemente un libertino que hace caso omiso de las virtudes y se dedica a vivir plenamente los siete pecados capitales, pero esto ya es material suficiente para que el empecinado cura decida querer tratarlo.


Cuerpo

En medio de la confusión que crean los pecados capitales, el cura conoce a la señora de la casa, la madre de Johnny, que defiende a su hijo y narra la historia de cómo se convirtió en una mujer divorciada tras su primera noche de bodas, tras la cual fue despreciada por el que creía ser su “príncipe azul”. Describe a su madre como Doña Urraca y a su padre como un rey que la tenía encerrada en un castillo medieval. Esta escena es un símil: describe la sociedad moralista y represora en un ambiente medieval para indicar lo retrógrado, poco moderno y extintamente decadente sistema en el cual se criaban a las jovencitas, desde la visión del autor, que escribió la obra alrededor de 1980. La relación entre sus padres la describe como muerta. Su propia relación se acaba cuando Nicolás, su “príncipe azul” muestra su verdadera personalidad al escuchar de Don Fernando que iba a desheredar a su hija.

Tras este episodio del pasado, aparece Johnny. El joven es lo opuesto a lo que la madre describe: un querubín de cabellos rubios y rizados. Johnny es un drogadicto que se dedica a destejar y a  dar rienda suelta a sus deseos, dilapidando su fortuna en una discoteca llamada Pura droga y es en este ambiente lúdico donde se describe la infancia del joven: saturada de televisión y extranjerismos, despreciando lo nacional y anhelando vivir en Estados Unidos.


Conclusión

En la escena final llegan las prostitutas a la casa de Johnny y se termina de revelar su vida ante los ojos del cura: la lujuria también existe en él. Tras esto, decidido, el cura empieza  a exorcizar al joven y la madre de Johnny resuelve –momento de epifanía o anagnórisis al revelársele algo ante sus ojos—que su hijo necesita estos defectos como fortaleza para poder enfrentarse a un mundo lleno de inmundicias, y trata de impedir el exorcismo, pero no lo logra. Los siete pecados capitales durante el juego de salir y entrar de los cuerpos, van hacia un rincón y terminan  agolpándose en el cuerpo del cura, que termina lleno de éstos y trata de seducir a la madre de Johnny. El cura se dispone a festejar y niega a Cristo en la cruz, y hace referencia al mítico Padre Almeida al despedirse: “¡Hasta la vuelta, Señor!”.
El personaje del sirviente rompe esta intensidad y marca el final al hablar de esperanza y mencionar a los niños del barrio que madrugan: comienza el amanecer en el tiempo marcado y termina la obra.

La puesta en escena de esta obra está bien descrita a través de las acotaciones insertas en los diálogos: la  intervención de los pecados capitales se da por actores representándolos sin diálogo, pero con efectos de sonido. En el caso de la avaricia, se da con una tonalidad amarilla en el filtro de la luz. En la ira, la luz se torna roja; con la envidia se torna verde; y con la lujuria se torna roja de nuevo. Se utiliza la psicología del color en la puesta en escena y en asociaciones: rojo-violencia/sexo, amarillo- sentimientos bajos, verde-desagrado. Los flashbacks o viajes en el tiempo cuando la madre de Johnny describe su juventud se marcan con apagones de luz, y los cambios de escena de estos pasajes: la escena con su madre, noche de bodas, y la desventura que trae la posible pérdida de la herencia de su padre se manejan con descensos en la intensidad de la luz.  La escena de la discoteca Pura droga que también es un flashback, también se vale de la utilización de los apagones para recrear otro tiempo y espacio.


"El exorcista" de William Peter B. fue la inspiración para Jose Martínez Q. para escribir esta obra.


Análisis

Esta obra denota una fuerte crítica a la moral existente en la sociedad guayaquileña y ecuatoriana en general; un sistema represor que en toda Latinoamérica se ha forjado a través de los estereotipos y los anhelos de encontrar en modelos extranjeros, sobretodo  norteamericanos, las respuestas y soluciones a los huecos en el autoestima de los individuos. La religión, el capital, las buenas maneras, el qué dirán, se ven parodiados y utilizados con sarcasmo, han servido como inspiración en la construcción de personajes que viven y sufren, que cambian y pierden en las tablas, que muestran al mundo lo patético de las realidades existentes. El teatro de José Martínez Queirolo está marcado por la comedia y por una intención social explícita, que nos hace reír y reflexionar, que nos hace vernos reflejados en un personaje de cualquiera de sus obras.


La obra de José “Pipo” Martínez Queirolo. 
http://www.matavilela.com/2013/03/la-obras-de-jose-pipo-martinez-queirolo.html



¿Para que llamaron al cura a la casa de Johnny?












Comentarios

Publicar un comentario